Las tardes de lluvia, extraño, porque fue una tarde de lluvia en que ambos se fueron de mi lado, porque en cierto modo se fueron por mi culpa, es probable que los haya dejado ir, es probable que no haya sido consciente de lo que pasaba.
Los extraño, como decir día, como decir agua, con la facilidad de las palabras que fluyen de mi boca, de ese mismo modo les extraño, con el manto negro me hacen falta, con el manto gris, con el agua, con la magia que perdí cuando se fueron.
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domingo, 3 de julio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
Nuestra promesa
Pude haber dejado que lo hiciera, pude haber dejado escapar ese segundo de vida de mis manos, pero en realidad la amaba, la quería a mi lado, aunque ella no me amara más a mí.
Ella apareció en mi vida una hermosa mañana de octubre, con los rizos color cobre que la caracterizaron desde siempre; su sonrisa era la perfecta representación de un cofre con diamantes, tenía la capacidad de hacernos sonreír a todos, su piel era lo que provocaba mi delito más grande, podría perderme en sus curvas a todas horas, la sabía mía, la quería mía, ella ya no me pensaba, mucha gente prefiere decir que nunca me pensó, yo, en cambio, creo que en algún momento también me amó.
Las mañanas de enero que pasamos juntos vivíamos de risas y de suspiros, de palabras hermosas y de regalos innumerables que hacíamos con nuestras propias manos, nos olvidábamos de todo, de la gente, del ruido de los carros, del amor que ya no sentíamos por el resto, nos volvimos uno mismo, unimos nuestras piezas y encontramos la armonía cual orquesta en su sinfonía más importante y nos perdimos en nuestros deliciosos y maravillosos segundos de tiempo.
Ella me había dicho antes que estaba cansándose de esta relación, que no era justo que ella diera todo de su parte y yo sencillamente llegara tarde del trabajo, sin hambre de nada, sin hambre de su comida, de su piel y de sus labios. Me lo reclamó tantas veces, las mismas veces que me hice el tonto y no quise escucharla, hasta que por primera vez lo intentó.
Salió a nadar con sus amigas, y pasó un minuto hasta que se le vio frente a las otras, tendida en el suelo, casi sin pulso; en aquel tiempo dijimos que había sido un accidente. La segunda vez, llegué temprano del trabajo, con el antecedente de su salida al mar decidí que debía ponerle atención a la mujer a la que amaba, a la que amo, todo parecía misterioso y tuve miedo, ese mismo miedo que sentía cuando mamá me contaba del coco para que me durmiera y aunque son cosas en magnitud diferente, un niño siente el mismo miedo por el coco que un adulto por perder al amor de su vida y tener que sentirse responsable de su muerte; la encontré en la tina, perdiendo en cascadas ese líquido escarlata que le sonrojaba las mejillas cuando estaba apenada.
Estaba perdiendo a la mujer de mi vida, por no ponerle la atención requerida, ella lloró cuando depertó en un hospital y me vio frente a ella, me pidió que me acercara a ella y me susurró al oído: "Ya no te quiero", los médicos dijeron que se recuperaría pero que necesitaba estar cerca de la gente a la que ella amaba, entonces, me volví un estorbo.
La tercera vez, cuando ya no vivíamos juntos, llegó a visitarme a la casa, me dijo que me amó profundamente, pero que yo me había encargado de apagar el amor que ella sentía por mí, que había intentado suicidarse porque se sentía culpable de no amarme, dijo que habría querido pasar el resto de sus días conmigo, que esa fue la promesa que nos hicimos al casarnos y que si el amor se había acabado no quería alejarse de mí y verme sin ella y además, con una promesa no cumplida, por eso había intentado irse de mi lado de ese modo, por eso había querido morir en casa, para poder pasar sus últimos minutos a mi lado.
Después de eso, me dijo que iría a caminar un poco, que necesitaba respirar, que no soportaba la idea de verme e intentar amarme y no lograrlo, ella no se dio cuenta, la seguí y al verla parada junto a ese barranco, pensé que no podría estar viendo lo hermosa de la ciudad al tiempo que lloraba, me acerqué a ella en el momento adecuado, estuvo apunto de intentar volar como los pájaros, habiendo antes hablado conmigo, para llevarse consigo mis últimos gestos y mis últimas palabras, pero lo evité, porque la amo, porque prefiero verla lejos antes que no volver a verla, o al menos eso era lo que yo pensaba.
La cuarta vez, vino a casa un fin de semana, traía ese hermoso vestido blanco de flores rojas, aquel vestido que le hacía ver tan bella como cuando estuvo embarazada, me dijo que en estos últimos meses había ido a terapia y que había recordado muchas cosas que la habían lastimado, dijo que jamás iba a perdonarme que la haya tocado cuando esperaba a nuestro hijo, dijo que no podía entender como después de que yo le hiciera perder ese trocito de sí ella se hubiera quedado, dijo que no podía verme más y que las promesas son para cumplirse, que lo sentía mucho, pero que debía cumplir con aquella promesa.
Pude haber dejado que lo hiciera, pude haber dejado escapar ese segundo de vida de mis manos, pero en realidad la amaba, la quería a mi lado, aunque ella no me amara más a mí; y si el único modo era ese, entonces no habría más que aceptar la derrota, cuando ella se acercó la pistola a la cabeza, le dije: "deja que sea yo quien cumpla la promesa"; puse la pistola en mi boca y terminé con la historia.
Pude haber dejado que lo hiciera, pude haber dejado escapar ese segundo de vida de mis manos, pero en realidad la amaba, la quería a mi lado, aunque ella no me amara más a mí.
Ella me había dicho antes que estaba cansándose de esta relación, que no era justo que ella diera todo de su parte y yo sencillamente llegara tarde del trabajo, sin hambre de nada, sin hambre de su comida, de su piel y de sus labios. Me lo reclamó tantas veces, las mismas veces que me hice el tonto y no quise escucharla, hasta que por primera vez lo intentó.
Salió a nadar con sus amigas, y pasó un minuto hasta que se le vio frente a las otras, tendida en el suelo, casi sin pulso; en aquel tiempo dijimos que había sido un accidente. La segunda vez, llegué temprano del trabajo, con el antecedente de su salida al mar decidí que debía ponerle atención a la mujer a la que amaba, a la que amo, todo parecía misterioso y tuve miedo, ese mismo miedo que sentía cuando mamá me contaba del coco para que me durmiera y aunque son cosas en magnitud diferente, un niño siente el mismo miedo por el coco que un adulto por perder al amor de su vida y tener que sentirse responsable de su muerte; la encontré en la tina, perdiendo en cascadas ese líquido escarlata que le sonrojaba las mejillas cuando estaba apenada.
Estaba perdiendo a la mujer de mi vida, por no ponerle la atención requerida, ella lloró cuando depertó en un hospital y me vio frente a ella, me pidió que me acercara a ella y me susurró al oído: "Ya no te quiero", los médicos dijeron que se recuperaría pero que necesitaba estar cerca de la gente a la que ella amaba, entonces, me volví un estorbo.
La tercera vez, cuando ya no vivíamos juntos, llegó a visitarme a la casa, me dijo que me amó profundamente, pero que yo me había encargado de apagar el amor que ella sentía por mí, que había intentado suicidarse porque se sentía culpable de no amarme, dijo que habría querido pasar el resto de sus días conmigo, que esa fue la promesa que nos hicimos al casarnos y que si el amor se había acabado no quería alejarse de mí y verme sin ella y además, con una promesa no cumplida, por eso había intentado irse de mi lado de ese modo, por eso había querido morir en casa, para poder pasar sus últimos minutos a mi lado.
Después de eso, me dijo que iría a caminar un poco, que necesitaba respirar, que no soportaba la idea de verme e intentar amarme y no lograrlo, ella no se dio cuenta, la seguí y al verla parada junto a ese barranco, pensé que no podría estar viendo lo hermosa de la ciudad al tiempo que lloraba, me acerqué a ella en el momento adecuado, estuvo apunto de intentar volar como los pájaros, habiendo antes hablado conmigo, para llevarse consigo mis últimos gestos y mis últimas palabras, pero lo evité, porque la amo, porque prefiero verla lejos antes que no volver a verla, o al menos eso era lo que yo pensaba.
La cuarta vez, vino a casa un fin de semana, traía ese hermoso vestido blanco de flores rojas, aquel vestido que le hacía ver tan bella como cuando estuvo embarazada, me dijo que en estos últimos meses había ido a terapia y que había recordado muchas cosas que la habían lastimado, dijo que jamás iba a perdonarme que la haya tocado cuando esperaba a nuestro hijo, dijo que no podía entender como después de que yo le hiciera perder ese trocito de sí ella se hubiera quedado, dijo que no podía verme más y que las promesas son para cumplirse, que lo sentía mucho, pero que debía cumplir con aquella promesa.
Pude haber dejado que lo hiciera, pude haber dejado escapar ese segundo de vida de mis manos, pero en realidad la amaba, la quería a mi lado, aunque ella no me amara más a mí; y si el único modo era ese, entonces no habría más que aceptar la derrota, cuando ella se acercó la pistola a la cabeza, le dije: "deja que sea yo quien cumpla la promesa"; puse la pistola en mi boca y terminé con la historia.
Pude haber dejado que lo hiciera, pude haber dejado escapar ese segundo de vida de mis manos, pero en realidad la amaba, la quería a mi lado, aunque ella no me amara más a mí.
viernes, 17 de junio de 2011
Te quise
Dejé de quererte a poquitos, despacio, sin darme cuenta, sin que te dieras cuenta y para cuando lo noté sentí que el amor que sentía por tí se me fue de las manos cual líquido derramado...
Eras especial, eres especial, es sólo que me perdí y en el camino también te perdí, porque no me quieres como a ella, porque no me hablas como a ella, porque el aire que corre por su rostro te parece tan perfecto y porque el que corre por mi rostro (que es el mismo) te parece tan común.
Suelo hablar, decir lo que siento, lo que pienso, contigo no sucede, ya no me seduce tu mirada, tus labios no me dicen nada, te quise...
Eras especial, eres especial, es sólo que me perdí y en el camino también te perdí, porque no me quieres como a ella, porque no me hablas como a ella, porque el aire que corre por su rostro te parece tan perfecto y porque el que corre por mi rostro (que es el mismo) te parece tan común.
Suelo hablar, decir lo que siento, lo que pienso, contigo no sucede, ya no me seduce tu mirada, tus labios no me dicen nada, te quise...
lunes, 23 de mayo de 2011
Hasta que la muerte o la culpa nos separe
En labios de Él:
Ella sonríe por las mañanas, por las tardes esquiva mi mirada y por las noches rompe una orilla del vestido blanco que cuidaba para el día en que nos casáramos.
Amo escuchar el canto de los pájaros cuando ella se levanta, al compás de su dulce voz diciendo "Hoy será un día diferente", amo su sonrisa hermosa que combina con el resplandeciente amarillo del sol, que grite "Hoy va a funcionar" y que escriba en su diario de sueños que aunque haya sido una pesadilla hoy respirará profundo y hará que funcione.
Me entristece mucho que me evada, que me ignore; ella y yo nos amábamos, nos buscábamos, sé que la destrocé al dejarla, y me siento mal, en verdad la extraño, ella me hace falta, pero admito que soy malo, que no pude soportarlo y tenía que dejarla.
Soy totalmente infeliz cuando a pasos cortos se acerca al armario y rompe un trozo del vestido de novia y grita que me odia; La sigo amando
No puedo volver con ella, ella me evita, yo también tengo mi orgullo, yo también debo ver por mi, ya encontrará a un hombre que la respete y que la ame como se merece, Yo la amo.
En labios de Ella:
Todas las noches antes de dormir, respiro profundo y me acerco al armario con lágrimas en los ojos que esperaba que un día dejaran de correr, me acerco al vestido que alguna vez fuera blanco y le digo a mi alma que todo estará bien, esta noche como siempre dormiremos con un trocito del vestido que me habría llevado al altar, para recordarlo, para amarlo, en secreto, en silencio.
Cuando me acuesto, pienso que quizá la vida habría sido diferente, quizá romántica y en lugar de dormir con un trocito del vestido estaría durmiendo junto a él, respirando su aire, sintiendo su piel, diciendo su nombre en las noches de luna llena, quizá... quizá...
Las mañanas son mi martirio, pero también son mi salvación, después de tantas pesadillas me levanto, respiro profundo (Es una hermosa rutina que me hace bien) y le grito al viento que hoy funcionará, no hace falta que él esté para yo sentirme hermosa.
Salgo a caminar, a respirar del viento que pudo haber sido nuestro, y justo en el lugar en el que se encuentra la casa en la que él vivía, todas las mañanas siento el aroma de su perfume y agacho la mirada, es que... si él pudiera estar a mi lado, caminar a mi paso, sentir mi piel, mis besos y mis abrazos, tal vez yo sería dichosa, como nos lo prometimos una semana antes de la boda, después de su aroma todo me hace daño, el sonido de los pájaros, de los coches, el aroma de las flores, los perfumes que se revuelven con el aire, todo me hace daño, al llegar la noche la rutina es la misma, acercarme al armario, cortar un trozo del vestido y acostarme a dormir...
"Dos muertos y dos heridos es el saldo resultante de un accidente automovilístico entre dos coches en carretera, al parecer los jóvenes que viajaban en el mustang rojo perdieron la vida al instante, mientras que la pareja que viajaba en el corsa color plata se encuentran en supervisión médica"
Ellos iban a casarse la semana siguiente al accidente, dicen que el joven que manejaba el mustang perdió el control del coche, ambos murieron, pero Alondra y Arturo llegaron al hospital con vida, Arturo nunca supo lo que ocasionó el choque, perdió la memoria de ese momento de su vida, lo último que recuerda es el beso que le dio a ella en promesa de su amor y los gritos después del choque, él sigue creyéndose culpable de los daños ocasionados, nadie puede hacerle entender que no es culpa; cuando la ve pasar, aún se le enchina la piel y se roba segundos de su fragancia, ella siempre agacha la mirada, él ha resulto no hablarle hasta que ella lo haga.
Ella no recuerda más que el beso de la promesa de su amor, ella jura que sabía a vainilla y cada mañana cuando sale a caminar y siente el aroma de Arturo recuerda aquel beso que parecía que no acabaría jamás (o que al menos ella habría deseado que fuera de ese modo), agacha la mirada y espera que algún día pueda dejar de sentir el aroma de aquel que para ella ya se fue.
Ellos siguen amándose, ella lo cree muerto, él cree que ella siente rencor, ella no lo ve y él... no lo sabe, pero jura que no le hablará hasta que ella lo haga.
El resto ha querido decirles, ellos no han permitido que otros hablen de su amor...
Basta
Respira profundo y repite conmigo... No es real... No es real... No es real...
Alguna vez te has levantado de la cama y has sentido que ese espeluznante sueño, no fue sólo un sueño??
Me pasa casi a diario... y odio que pase... odio sentir ganas de llorar y de gritar porque no distingo entre mi realidad y mi ficción... sentir la presión en el pecho y sentir como si dejara de respirar... alguien me dijo hace unas horas... "Es cuestión de voluntad" y resolví agachar la mirada.... no pude decir una sola palabra, me rompió el corazón pensar que esté en mis manos y que aunque parezca... aún no me sienta del todo bien... y mucha culpa la tienen mis sueños... he llamado a personas por teléfono para asegurarme de que no han fallecido... de que no era real... y al oír su voz he llorado como una niñita...
Te ha pasado alguna vez que has querido gritar tan alto que te quedes sin voz?? Me pasa casi a diario y odio no tener un explicación lógica de lo que siento...
Respira profundo y repite conmigo... No es real... No es real... No es real...
miércoles, 2 de marzo de 2011
El diablo con escapulario
He decidido advertirte, puesto que no espero que te sorprendas con el paso de los días lejanos a nuestras pieles. Decidí que te quiero lejos de los rincones de mi cerebro que hizo un tonto pacto con mi alma y no te quieren dejar ir, les he dicho que es una estupidez seguir pensándote, sintiéndote y guardándoe luto, ahora tu estás con ella (siempre has estado con ella) y yo estoy sentada frente a esta tonta pantalla que me prohibe llegar a tus brazos extendidos para rechazar tu abrazo, eso o que en realidad no sucederá.
Puedes estar seguro de que lo que sentí por tí fue genuino, ahora es sólo la idea de aquello no tan hermoso que fuimos, nos convertimos en nuestros propios infiernos y es que aunque me encantaría tenerte de vuelta, debo admitir mi conciencia por dejar volar todos tus recuerdo porque sé que esta vez no vas a dejarla, nunca la has dejado, jamás vas a dejarla.
Me he reído... nos he soñado, y ha sido como ver al diablo probarse un escapulario :S así de bueno es Dios que ha convencido al diabo de dejar de ser malo para que te enamoraras de mí... o quizá jamás estuviste enamorado, quizá fuiste un terrible puebra no superada
domingo, 20 de febrero de 2011
Te buscaba
Entre la noche y la poca luz que habitaba en ese pequeño cuarto yo te buscaba, estaba ausente y no escuchaba, te buscaba, quizá tenía la esperanza de que aparecieras y dijeras que no había pasado nada malo entre nosotros y que podíamo regresar el tiempo y ser eso bonito que antes eramos.
Tu y yo no eramos buenos juntos, siempre he creído que mi lado malo resurge de entre las sombras para exigir que estemos juntos. Suelo ser una buena persona, pero a tu lado los modales se me olvidan, es una fortuna no habernos topado.
domingo, 21 de noviembre de 2010
De malas
¿Alguna vez has estado tan enojado que desde que te levantas tienes ganas de golpear a todos?
Justo en esa situación me encuentro hoy, no quiero saber nada de él, ni tantito, ni un miligramo, en este momento estoy decidida a entrar en un proceso de rehabilitación de tantas cosas, que las haré tan de modo ordenado que cuando haya terminado sea una persona nueva, funcionó con el facebook, tiene que funcionar con él también; Y es que lo más difícil del asunto es que odio que me guste, me molesta pensar en él todo el día, que él no me ubique en el mapa y que yo no ubique en el mapa a otros, es parte del juicio karmiko, tal vez, odio estar pensando en él y tener que escribir porque no me atrevo a hablar de lo que estoy sintiendo, he sido ya tan repetitiva acerca del tema que ya no me soporto ni escribiendo sobre él.
He llegado al punto de perder la cordura y la coherencia, he dejado de escribirle cosas bellas, he dejado de escribir con el corazón para escribir con el hígado, ¡Sí, dije con el hígado! porque el hígado es esa bolsa que guarda los residuos y aquellas cosas que no nos sirven pero que no encontraron a dónde irse y no podemos deshacernos de ellas, eso es él un residuo, basura en mi vida, es ese algo que no me deja respirar, ni vivir, ni soñar, ni nada de esas cosas que tanto amo...
He dejado de ser yo, ha dejado de ser divertido pensar en hadas y cuentos y bellos paisajes; y es que, la verdad es que en este momento estoy enojada y no creo y tampoco espero que se me quite el enojo pues espero de todo corazón que sea el enojo el que me motiva a sacarlo de mi hígado... porque estoy segura de que en mi corazón ya no está...
Sorry... me harté de esperar... y aunque no fue mucho tiempo el que pasó, tengo que admitir que soy impaciente y mi paciencia se acabó.
sábado, 30 de octubre de 2010
Me desarmas...
Las tardes, las noches, cada momento en que no estás son episodios de mi vida que no puedo soportar, siempre existe una alternativa para no alejarme de tí. Te sueño, te imagino, te pienso y dejas de faltarme.
Si estás las letras vuelan y se escapan, se accidentan; me desarmas. Tienes el poder de aniquilarme con una mirada...
Siento la necesidad de decirte lo que siento, sin embargo, esto se siente tan forzado, que deja de tener el valor que debería tener...
Me desarmas...
Quiero ser quien te hable al oido, quien te bese en las mañanas, quiero ser lo que hoy no puedo ser; y ser lo que no soy capaz de escribir porque al pensar en tí...
Sí... Me desarmas
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